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lunes, 26 de marzo de 2018

BOMBA NUCLEAR.


La parte psicótica de la personalidad.

Todos sabemos que un estallido de esa intensidad convierte todo en polvo.
Lo reconoce inconscientemente nuestro temor.

Cabe una pregunta.
¿Tiene tanto poder el intercambio de palabras entre entre los seres humanos, para preferir arrojarnos rayos pulverizantes, antes que sentarnos a conversar? ¿Qué provoca semejante temor?

Si vivir es cambiar, preferimos morir.

Tememos tanto a la caída del yo o a su cambio por medio de la conversación con el prójimo, que preferimos la desaparición.

Según Freud esto se debe a las fantasías infantiles inconscientes de las primeras pasiones, amores y agresiones entre los hermanos y los padres amados. Lo que Freud encuadró en la tragedia de ´Edipo Rey´, de Sófocles.

Unas fantasías que son tomadas como realidad por el pequeño, que la maduración va a ir situando en su lugar.

Claro está que hay personas en quienes esta moderación se produce de forma incompleta, a consecuencia de lo cual la alucinación sigue presente en la fantasía  confundida con la realidad, en el adulto.

Es el aspecto psicótico del sujeto, que a veces predomina más que los otros dos aspectos, el neurótico o el perverso de la personalidad, donde la línea entre ficción y realidad está difusa.

Esto de la bomba nuclear entonces, debiera ser eliminado dentro de los instrumentos militares de destrucción, como una interpretación psicoanalítica que cure este problema inconsciente, que disminuya la parte psicótica de la personalidad de la sociedad.

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